Durante estas semanas se está celebrando el juicio “Sepur Zarco”. Un grupo de once mujeres indígenas que fueron esclavizadas en pleno siglo XX bajo la sombra de una guerra ¿Invisibles o invisibilizadas? No sé si la reflexión importa cuando todavía tienen que cubrirse el rostro.
Víctimas de los daños colaterales de un conflicto que duró 30 años. En 2011 encontraron la forma y las fuerzas de buscar justicia. La guerra no sólo acarrea muerte, aunque a veces sea lo deseable. Fueron violadas sistemáticamente. Ahora, el grupo de mujeres con el rostro cubierto y entre cajas llenas de ropa de militares con el identificativo y otros objetos personales buscan justicia. Menudo esfuerzo tiene que haber sido guardar esas cajas. Un esfuerzo que apenas representa un ápice de la vida de mierda que el hombre y su guerra dejó tras de sí. Siempre sobre los mismos. Sobre las mismas debiéramos decir.
Los conflictos no se resuelven a golpe de castigo, no es tan sencillo. Ni con la firma de unos acuerdos o de una Constitución. Ójala. Necesitan de un proceso social tan complejo y amplio que cualquier esfuerzo parece inútil. Pero no hay nada más inútil que ignorar la historia.
Ni olvido ni perdón.

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