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Lo primero respeto y condolencias a familiares y amigos. Como toda lideresa, tenía detractores, pero sobre todo fieles seguidores. Y quienes no son de Valencia, deben tener muy presente que Rita tenía algo más que votantes, tenía un club de fans con mayoría en la ciudad.
Pienso que se ha ido con un sabor amargo, ese sabor desagradable que te dejan los juzgados y las preguntas acusadoras que no quieres responder. Hace sólo dos días que declaraba en el Tribunal Supremo. Estoy seguro que si hubiese gobernado en otro tiempo, se habría ido de otra forma. Pero le tocó el tiempo donde el blanqueo de dinero era práctica habitual y donde el dinero para las campañas electorales podía venir de cualquier empresario agradecido. Qué mala suerte.
Hace dos días un portavoz del PP renegaba de ella, pues ya no era del partido. Qué triste que después de tanta entrega, no te defiendan. Pero no sólo le quedaba el sillón de cuero del Senado y su aforamiento, le quedaba, y aún le queda, el cariño de su club de fans de Valencia.
Dejó cientos de estudiantes en barracones, pero una ciudad llena de jardines y flores. Dejó obras faraónicas inservibles, pero nos puso en el mapa de Europa. Abandonó barrios marginales, pero dejó una de las ciudades más iluminadas de España. Dejó deuda, pero mucho amor. Porque si Rita hubiera podido, habría celebrado unos Juegos Olímpicos en Valencia o un mundial de póquer. Su amor a la ciudad era incondicional, y eso tenía enganchado a su club de fans.
Para los que no son Valencia y hagan desprecio, le dejo una cita: “es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde” (Mariano Rajoy).
Que descanse en paz.

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